¿Qué es el Puerperio?

Según la RAE el puerperio se define como el Periodo que trascurre desde el parto hasta que la mujer vuelve al estado ordinario anterior a la gestación. La definición médica nos cuenta que es el periodo que comprende desde el final del parto hasta la normalización de los cambios fisiológicos producidos durante el embarazo.

¿¿Alguna vez volveremos al estado “ordinario” anterior a tener a nuestro hijo?? ¿Realmente los cambios producidos sólo son fisiológicos o algo cambia en nuestro ser, en nuestra alma, cuando somos madres? ¿El puerperio termina realmente a los famosos 40 días?

Te propongo olvidarnos del tiempo físico, acercarnos al tiempo emocional donde nos encontramos mamá-bebé, rechazar la invitación a volver a ningún estado ordinario y adentrarnos en este periodo fusión madre-hijo, cuya duración hay que descubrir y valorar de nuevo, compartir nuestros miedos, nuestras aventuras y descubrimientos.

FELIZ INMERSIÓN!

viernes, 26 de mayo de 2017

La que siembra en la oscuridad

Dibujo:  Leah Dorion 
Este oficio de madre va evolucionando con el tiempo de las criaturas. Es un lugar a tiempo completo durante los primeros meses de crianza, que agota y también llena, de ahí el peligro de no soltar y quedarnos atrapadas en la carcasa de la madre más tiempo del necesario.

Este tiempo de primera crianza es como un periodo de base, de nutrir la tierra, de ararla y prepararla, si esto no se hace, si no se ofrece a la criatura amor, cuidado y presencia, el terreno puede no estar bien preparado a lo que venga después, es como poner los cimientos de una casa. Este periodo es poco vistoso en el sentido de que el trabajo de vínculo, de apego, nutritivo, está invisibilizado y poco valorado y apoyado. Esto, unido a la inmensidad de la tarea hace que estos tiempos de maternidad sean intensos y a veces muy duros.

Cada madre aporta lo que es, en este periodo primero, su capacidad de darse, su presencia, su forma de estar en el mundo.  El margen de maniobra para hacer algo diferente (por ejemplo, estar más presente o tener más paciencia, o más entrega con el bebé) es pequeño. Es meter el ESFUERZO, el FORZAR en una relación que está basada en compartir en lo que uno es, con las partes nos gustan y con las que no. Es obligar/nos a dar más delo que podemos/tenemos, con lo cual este empeño está condenado al fracaso a medio plazo y peor aún a que aparezca la culpa y el resentimiento.  Es poner más presión en un momento en que hay poco espacio para una misma, en un momento en que hay poco descanso, cuidado y ocio personal.

Poder DESCANSAR en la madre que una es, especialmente para aquellas mujeres que eligen una crianza con apego, poder ACEPTAR quien soy en este momento, poder ESCUCHAR mis necesidades, aunque en este momento no pueda satisfacerlas es muy importante. Para mi el concepto “madre suficientemente buena” acuñado por Winnicott me resulta bálsamo y antídoto ante la exigencia desmesurada – a veces de forma sobre humana- y la búsqueda del ideal poco real de la “buena madre”

Como en todo proceso de crecimiento orgánico, las velocidades no son lineales ni homogéneas, el vínculo madre/bebé, va cambiando y trasformándose con el tiempo y esta atención estrecha y cuidado nutricio cambia de forma e intensidad conforme el hijo va creciendo.
Aparecen nuevos retos y nuevos lugares que visitar.
Como comentaba una madre en el grupo de apoyo que facilito…es como pasar a otro escenario cuando ya le has cogido el truco al momento  actual, y estar cambiando constantemente.

Si hay una tarea que comienza en nuestra andadura como madres y que continua es la de estar en contacto con la duda. ¿Qué hago? ¿Lo estaré haciendo bien? Estas preguntas son terribles ya que dan a entender que hay una respuesta correcta y otra incorrecta, si como criar a un humano fuera como resolver un examen y encontrar la solución a un problema.

No hay respuesta concreta, es variable en función del niño, la madre, la situación, el momento, y cuantas variables más. Y qué tentación de poder apaciguar la duda, el miedo debajo de la duda, que se despliega a veces como fantasía catastrófica con poca base de realidad, de ahí que abunden los expertos, los libros de crianza y los consejos bienintencionados que tratan de apaciguar este susto
Y si en lugar de salir corriendo del estado de duda pudiéramos abrazarlo y aceptarlo como un lugar propio de la maternidad? Como una invitación a no dormirnos, a estar en la cresta de ola, en el cambio, abiertas y atentas a lo que pide el momento y poder tener la confianza de decidir lo más adecuado en cada momento. De poder escuchar el miedo y revisar si tiene realidad y fundamento y hacer algo con lo real (ocuparse no preocuparse)

La duda como una señal de estar conectadas con la incertidumbre, el no saberlo todo, ni falta que hace, y aun así poner el corazón y el alma en seguir adelante sin parálisis y sin saber qué pasará- la sabiduría de la inseguridad, diría Alan Watts.
En esta metáfora de la siembra, es como visualizar la tarea de maternar, de educar como una siembra en la oscuridad, como plantar la simiente sin tener la certeza de si crecerá y cómo lo hará. Haciéndolo lo mejor posible, conscientemente. Tal y como vivimos, caminamos sin conocer el camino que se abre y no por ello dejamos de hacerlo.

La tarea educativa y de acompañamiento tiene poco de certezas y resultados rápidos a corto plazo. Es más bien un estar ahí, sin asustarnos demasiado, sin saber mucho y con la guía del cuerpo y del corazón. Es un confiar en el otro y poder desplegar una forma de ver y oír especial, más profunda, más allá delas palabras y de lo superficial que se muestra.

Es una tarea de ritmo orgánico lento y cíclico, tal y como respetamos el crecimiento de las plantas sin forzarlas ni tirar de ellas para que crezcan más rápido, de periodos de acelere y otros de latencia.
De alguna forma criamos como vivimos,  en la confianza de que estas vivencias nos ayudarán a aprender, nos marcarán el camino de vuelta a casa, que suele estar muy cerca de nuestro corazón.


Buen tiempo de siembra.

2 comentarios:

Nuria Montero dijo...

Gracias por este artículo Isabel. El corazón asiente cuando lo leo, y lo más bonito es que también descansa... de tanta presión autoimpuesta, tantas dudas, tanta culpabilidad... qué bueno dejarnos estar algún rato, decirnos de verdad "ya está... todo está bien...". Aceptarnos. Confiar y dejar correr el agua un poco más. Soltar al fin y al cabo. La siembra no conoce de rapidez.
Un abrazo

Mónica Manso dijo...

Que artículo más bello y profundo Isa. Cuanta sabiduría detrás. Cuantas capa tiene este escrito para ir ahondando, profundizando, descubriendo. Me llega tanto lo del 'no-saber' como forma de sabiduría... Gracias bella por escribir algo que parece salido de las entrañas, y también del alma.